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E.M.D.R.

Eye Movement Desensitization Reprocessing
Movimientos Oculares de Desensibilización y Reprocesamiento.

La terapia EMDR, comenzó trabajando con personas afectadas por el Trastorno de estrés postraumático, ya que cuando una persona vive una situación traumática, ésta queda como bloqueada a nivel cerebral (más concretamente en la amígdala), de manera que después, cuando se presentan estímulos que están directa o indirectamente relacionados con el evento traumático, la persona reexperimenta emociones, sensaciones físicas y pensamientos recurrentes que son consecuencia del evento traumático inicial.

En la actualidad, se ha demostrado que muchas situaciones que pueden no parecernos traumáticas, han quedado memorizadas a nivel cerebral de la misma manera que un evento traumático grave, es decir, quedan bloqueadas en la amígdala y no se procesan adecuadamente. Esto significa que seguimos reexperimentando emociones, sensaciones físicas desagradables y pensamientos negativos de manera constante, e incluso a veces no somos conscientes de que se encuentran relacionados con una situación que fue dolorosa o desagradable para nosotros.

En el proceso con EMDR, la persona explica qué es lo que le preocupa o angustia y el terapeuta ayuda a seleccionar los aspectos más importantes.
Después de concretar el plan de trabajo y adaptar el método al caso concreto, se comienza a trabajar con el evento específico y movimientos oculares (o cualquier otra estimulación bilateral).
Durante la misma, a la persona le vienen a la mente otras partes del recuerdo traumático u otros recuerdos. El terapeuta interrumpe los movimientos oculares cada tanto para asegurarse que el paciente esté procesando adecuadamente.

La estimulación bilateral puede ser:
a) visual: el paciente mueve los ojos de un lado al otro guiado por el terapeuta;
b) auditiva: el paciente escucha sonidos alternados en ambos oídos;
c) kinestésica: el terapeuta golpetea suavemente y en forma alternada sobre las manos o los hombros del paciente.

Esto facilita la conexión entre los dos hemisferios cerebrales logrando el procesamiento de la información y la disminución de la carga emocional.

El terapeuta guía el proceso, tomando decisiones clínicas sobre la dirección que debe seguir la intervención. La meta es que el paciente procese la información sobre el incidente traumático, llevándolo a una “resolución adaptativa”.
Esto significa:
a) una reducción de los síntomas;
b) un cambio en las creencias (de una creencia negativa sobre sí mismo, por ej.: “soy inútil” o “no sirvo para nada” a una más positiva: por ej.: “soy valiosa/o”);
c) la posibilidad de funcionar mejor en la vida cotidiana.

Está técnica es valiosa tanto para adultos como para niños y adolescentes. Es probable, que en el caso de los niños y adolescentes sea preciso en algún punto del proceso la intervención conjunta con los padres.

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