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La felicidad esta sobrevalorada

 

felicidad

¿Esta realmente aceptada la tristeza, la rabia, la decepción, la desilusión? ¿Esta realmente aceptada la alegría, la felicidad, la esperanza, la ilusión?

 

¿Qué es lo que te responden cuando preguntas “que tal”? ¿Qué es lo que respondes tú? ¿No es en la mayoría de ocasiones “bien”, “vamos haciendo”? ¿Qué pasaría si pudiéramos poner palabras en cada momento a aquella emoción y sensación corporal que sentimos?

 

Realmente parece que comunicar nuestros estados emocionales desde una postura sincera y humilde esta mal visto y que tenemos que ponernos una máscara con la que presentarnos y andar por el mundo para poder relacionarnos con los demás.

 

Por un lado, cuando alguien responde; “estoy triste o estoy enfadado”, las primeras reacciones son, como si de un fuego se tratara, de alerta y se tiende a animar a esa persona y convencerla de que no debe estar así o quitarle importancia a lo que esta diciendo sin empatizar realmente con sus palabras. No nos permitimos sentir, por lo que como consecuencia, tampoco permitimos que la otra persona pueda expresar un estado emocional diferente del “bien”. Ya sea porque nos pone nerviosos pensar que la otra persona esta triste o enfadada, ya que creemos que debemos hacer algo, salvarla o ayudarla de alguna forma. O bien porque como nadie ha empatizado nunca con nosotros y cuando yo estoy mal, tengo que fingir o callarme, no voy a ser yo quien de el primer paso de empatizar y aceptar la emoción del otro. También existe la creencia, quizás fruto de la moda y de todas las campañas publicitarias que nos venden, de que hay que estar feliz y de que sólo con una sonrisa seremos aceptados socialmente.

 

Por otro lado, vivimos con la creencia de que sentir y mostrar tus emociones te puede convertir en una persona débil o que no está disfrutando de la vida y de las situaciones como debería. Cuando todas las emociones son totalmente indispensables para nuestra supervivencia y nuestro avance personal.

 

Al final, acabamos prestando más atención a lo que mostramos a los demás que a lo que realmente somos y sentimos. Como resultado nos sentimos más identificados con la máscara que hemos creado que con nosotros mismos; haciendo, diciendo e incluso sintiendo cosas con las que ni siquiera estamos de acuerdo.

 

 

Por ello, si te gustaría mostrarte tal y como eres y ser sincero al menos contigo mismo, algunas prácticas que te invito a realizar al respecto son:

-Se consciente de cómo te estas sintiendo en cada una de las situaciones que vives (al menos no te autoengañes a ti mismo).

 

-Cuando sientas, veas o alguien te muestre que se encuentra triste o enfadado simplemente empatiza y acéptalo, escuchando y pudiendo decir te entiendo, sin necesidad de cambiar eso ni ayudarlo urgentemente.

 

-Comprende e intenta ver cada uno de los estados emocionales como algo que pasa y con los que podemos extraer  un aprendizaje.

 

-Acepta que eso forma parte de ti y que todo puede ser objeto de transformación, cambio y crecimiento.

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